Nuestra compañera Maria Eugenia R. Palop escribe este artículo en EL DIARIO:
El pensamiento verde no es ni puede ser un simple punto de vista transversal que se incorpore a cualquier plataforma política, sino una alternativa con identidad propia, independiente del resto de las posibilidades que solemos manejar. Hay que decir claramente que ciertas ideologías y concepciones del mundo son radicalmente incompatibles con la propuesta ecologista.
Hace unas semanas, escuché el discurso de Ursula Von der Leyen, ministra de defensa alemana (CDU), devenida presidenta de la Comisión Europea gracias a los tejemanejes que han acabado con el sistema (defectuoso, pero más democrático) del «spitzenkandidaten» y gracias al apoyo de socialistas y liberales. Von der Leyen es una apuesta de las élites, profundamente conservadora y retrógada, pero se presentó, cínicamente, como feminista y ecologista, referenciándose en Simone Veil, hablando de paridad y violencia de género, cambio climático y transición ecológica. Un síntoma, sin duda, de que hemos ganado el relato y ahora tenemos más fuerza discursiva, pero también una señal que desvela las inmensas dosis de demagogia que se esconden tras estas hiperventilaciones sobrevenidas. Seguir leyendo










