En otros textos hemos destacado algunas de las principales consecuencias que se están produciendo y que se prevén como consecuencia de lo que ya generalmente en el campo científico se considera la nueva Revolución Científico-Técnica (RCT), que está afrontando la raza humana. Sus potenciales positivos para la Humanidad son indudables y alcanzan nuevos niveles cualitativos aprovechables para un desarrollo social más igualitario, una mejora muy sustancial de la sostenibilidad ambiental, y una homogeneización de las oportunidades de las personas al margen del territorio donde nacen. Parafraseando a Marx podríamos decir que constituyen la base de un salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas que, necesariamente, están entrando en contradicción con las relaciones de producción existentes, tal y como hemos tenido ocasión de apreciar en diversos ejemplos recogidos en artículos anteriores.
Tengo que reconocer que mi preocupación respecto hasta qué punto esta nueva Revolución Científico-Técnica podría tener el carácter y las consecuencias señaladas en los citados artículos se inició en enero de 2016, con ocasión de la lectura de los documentos y análisis efectuados en el Foro de Davos de ese año. Ya allí se recogían aspectos muy significativos que daban ese carácter revolucionario al cambio y, en particular, se ofrecía una estimación de las consecuencias sobre el empleo derivadas del mismo. El Cuadro siguiente sintetiza lo que eran sus estimaciones.
Los dos años transcurridos desde este posicionamiento del Foro de Davos hasta la actualidad han reforzado los temores de algunas de las consecuencias más evidentes de esta nueva RCT, y han demostrado que efectivamente se trata de un salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas, con unos potenciales extraordinarios para el progreso de la sociedad; pero también están demostrando que ese progreso, en la actual estructura de relaciones de producción, está incrementando de una manera tremenda las desigualdades, reduciendo muy significativamente la cohesión social, tal y como nos mostraba el Informe de Oxfan presentado precisamente para ese Foro de Davos, del que las dos Figuras siguientes son explícitamente representativas y no creo que requieran mayor comentario.
Informe, por cierto, muy oportunamente enviado a un segundo plano por la oportuna campaña de desautorización absoluta de OXFAM por el hecho –ampliamente conocido desde hace tiempo e incomprensible e imperdonablemente no corregido en toda su extensión por la propia OXFAM- del comportamiento impresentable de varios de sus colaboradores. Son inaceptables esos comportamientos y la escasa reacción que desde OXFAM se había producido para erradicar los mismos, pero también es muy oportuno el momento en que el tema se expande explosivamente por redes y medios de comunicación -siguiendo las pautas que denunciábamos en el tercero de nuestros artículos sobre la disrupción tecnológica- para acallar ante la población las consecuencias socialmente impresentables de las actuales pautas de crecimiento del modelo de sociedad de consumo capitalista imperante. Seguir leyendo














