Texto de Sofía Avila, investigadora del IGTA de Barcelona, publicado en EL DIARIO.
En el contexto de la crisis climática y energética global, la transición energética se ha colocado como una de las prioridades centrales de la agenda medioambiental. Mientras que hay un consenso generalizado sobre el papel fundamental que las energías renovables jugarán en este proceso, hay todavía poca discusión sobre las formas en que nuestras sociedades extraerán, transformarán, distribuirán y consumirán estos recursos alternativos. La estrecha relación entre el uso de la energía y la organización social plantea aquí preguntas clave sobre el tipo de desarrollo que las energías renovables sostendrán. Una transición hacia el aprovechamiento y consumo de energías renovables puede verse como un mero cambio tecnológico que daría vuelta al engranaje del “crecimiento verde”, o bien, como el impulso para una transformación social más amplia que apunta hacia la construcción de proyectos eco-sociales alternativos.
Mientras que las tendencias dominantes apuntan hacia la rápida implementación de mega-proyectos de energía renovable, de carácter corporativo y centralizado, se registra un paralelo incremento en los casos de protesta social y búsqueda de alternativas a nivel local. En los países del Sur Global, así como en las periferias del Norte Global, la expansión de tales mega-proyectos ha traído consigo una creciente lucha por la soberanía de los territorios, así como por la defensa y gestión alternativa de los recursos. En el Atlas de Justicia Ambiental, realizamos un inventario cartográfico de conflictos socio-ambientales vinculados a las infraestructuras en energía renovable, analizando las características de estas inversiones, las transformaciones socio-ambientales que generan en distintas escalas, así como los procesos de diálogo que emergen desde las comunidades afectadas. (Ver, por ejemplo, el estudio sobre proyectos hidroeléctricos). Seguir leyendo










