
Artículo de nuestro compañero Jorge Riechmann en Público
Dentro de algunas semanas me veré ante la jueza titular del Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid, en el primer juicio penal que voy a afrontar en mi vida (pero no será el último). Tendrá lugar el 17 de marzo de 2026.
He participado en diversas protestas noviolentas a lo largo de los años, dentro del trabajo que hacemos desde movimientos sociales, como el ecologismo y el pacifismo, que luchan por la supervivencia y la emancipación. Lo he hecho convencido de que es lo que nos corresponde en un mundo atravesado de injusticia, explotación y opresión donde van menguando las posibilidades de evitar los desenlaces peores. En particular, dos acciones de desobediencia civil pacífica (contra la tragedia climática que va desplegándose en nuestro siglo, que yo llamo desde hace años el Siglo de la Gran Prueba) dieron lugar a dos detenciones, estos últimos años.
Por una parte, el 7 de octubre de 2019 unos trescientos activistas y militantes, convocados por la plataforma 2020 Rebelión por el Clima y por Extinction Rebellion Spain, cortamos el tráfico rodado en una de las principales avenidas de Madrid (el puente de la calle Joaquín Costa, al lado de Nuevos Ministerios) y aguantamos la presión de la policía durante una hora y media aproximadamente. En ese contexto, tres personas fuimos detenidas (hubo además 180 identificaciones) y posteriormente remitidas al juzgado de instrucción con acusaciones falsas. (Sobre las circunstancias de esta protesta puede verse: “Rompe la ola de movilizaciones ante la amenaza de catástrofe climática global”, 7 de octubre de 2019).
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